ANTONIO LUQUE AVILA

Diseñador gráfico, activista cultural y artista visual, trabajo en diferentes proyectos que abarcan desde la fotografía, el diseño editorial, el vídeo o la instalación artística. Entre mis últimos trabajos presentados se encuentran las exposiciones: “Virgencitas y viejas” (2020) en La Grey  y  “Tots els homes vells” (2021) en Tinta Invisible (Barcelona). 

 

Desde 2013 codirijo junto a Lídia Porcar, Francesc Roig y Juan Carlos Lozano, el espacio de creación contemporánea La Grey, y dirijo la revista de arte y pensamiento “Corpus Delicti”.

 

He realizado diversos proyectos de comisariado de exposiciones, entre los que destacan “Laudòmia” y “Projecte Rottweiler” de Francesc Roig, “Amor” de Lídia Porcar y “El Miracle” de Abel Azcona.

STATEMENT

Mi formación artística en el Diseño Gráfico me internó hace años en el mundo digital, convirtiéndolo en el espacio natural de mi trabajo. Ello hace que contemple mi obra desde aspectos diferentes a artistas provenientes de las Bellas Artes, vislumbrándose el mundo editorial, la búsqueda constante de nuevos materiales para trasladar mis trabajos, el vídeo o la concepción del espacio bidimensional como el núcleo fuerte de mi obra acabada. No por ello he dejado la investigación en la instalación artística o sonora, constituyendo todos estos elementos una creación compleja, donde busco la participación de los diferentes  sentidos del espectador. 

 

Hay dos libros que han marcado todo mi trabajo: “Santuario” de Willian Faulkner y “Crónicas marcianas” de Ray Bradbury. Estos textos me llevaron a un imaginario oscuro de lo que es la humanidad, de nuestro avatar diario, de la inutilidad del ser humano para transcender en el tiempo más allá del que le ha tocado vivir, acercándome a los escritos de Schopenhauer y posteriormente de Emil Cioran. Conformando estos autores el corpus teórico de mi obra. 

 

En los últimos años he trabajado desde el archivo, creando nuevos registros de imágenes residuales, acumulaciones que van más allá del propio hecho artístico. Me considero un transformador de discursos que se acercan, a partir de la estética, a mi mundo más personal, a temas sociales o situaciones límite. 

 

Mis obras se desarrollan en el tiempo, a veces durante años. Por decirlo de algún modo, es la lentitud de preparación de estos archivos los que van conformando las imágenes finales, desgranándose en situaciones a veces no previstas.